lunes, 30 de junio de 2014

DION FORTUNE (CONTINUACIÓN) Capitulo 5 AUTODEFENSA PSÍQUICA PSYCHIC SELF-DEFENCE

DEFENCE CAPITULO V VAMPIRISMO Se supone que el vampirismo ha muerto.— Curioso efecto de ciertas personas sobre sus asociados.— Efecto de las mismas personas sobre las baterías eléctricas.— Relaciones mórbidas.— Complejo de Edipo.— Parasitismo psíquico. — Los Berberlangs.— Descripción de un caso de vampirismo.— Necrofilia en el Frente Occidental.— Vampirismo en la Europa del Sudeste.— Contagio del vampirismo.— "Mordeduras de mosquito'' anormales.— Dónde buscar huellas de vampiro.— Los dientes característicos de los vampiros. El supuesto vampiro ha sido siempre un carácter popular en cuentos de misterio e imaginación. Hay una literatura considerable concerniente a sus actuaciones, desde la famosa novela Drácula hasta los estudios serios de los juicios de brujas medievales, para lo que se refiere al lector a la bibliografía al final del libro. En estas páginas, sin embargo, no deseo procurarme evidencia de segunda mano, ni incidentes que tuvieron lugar en otros siglos y bajo condiciones primitivas, pues podría argüirse que con el paso de tales condiciones fuera de nuestro medio, el problema del vampirismo, como el problema del tifus, se ha ido también, y no necesita preocuparnos. Por mi propia experiencia soy de la opinión, sin embargo, de que esto no es así, y que la condición peculiar que los antiguos llamaban vampirismo puede dar cuenta de ciertas formas de trastorno mental y de la mala salud física asociada con ellas. Cuando el psicoanálisis fue introducido por vez primera en Inglaterra yo acometí el tema, y me convertí en estudiante, y finalmente en instructora en una clínica que se fundó en Londres. Nosotros los estudiantes fuimos pronto sorprendidos por el hecho de que algunos casos eran extremadamente exhaustivos de tratar. No es que fueran problemáticos, sino que simplemente "nos vaciaban", y nos dejaban sintiéndonos como guiñapos fofos al final de un tratamiento. Algo sucedió para mencionar este hecho a una de las enfermeras ocupada del departamento eléctrico, y ella nos contó que los mismos pacientes igualmente "vaciaban" las máquinas eléctricas y que podían absorber los más sorprendentes voltajes sin mover un cabello. En el mismo sitio, en el curso de mi trabajo psicoanalítico, me crucé con un número de casos en que existía un apego mórbido entre dos personas, lo más común madre e hija, o dos mujeres amigas; a veces también entre madre e hija y en un caso que encontré socialmente, entre un hombre y una mujer. Era siempre el negativo de la pareja el que venía a por tratamiento, y éramos capaces de beneficiarles considerablemente por medios psicoterapéuticos.
Ellos siempre me mostraban el mismo complejo de síntomas, un temperamento sensitivo, una complexión pálida forma gastada y debilidad general, sensación de debilidad, y se fatigaban fácilmente. Eran también invariablemente altamente sugestionables, y eran por lo tanto fáciles de manejar. Consiguientemente, éramos usualmente capaces de conseguir buenos resultados bastante rápidamente en tales casos. El punto curioso, sin embargo, era que la ruptura de la relación mórbida causaba una señalada perturbación e incluso un semicolapso dei asociado dominante en la alianza. Encontramos que era necesario insistir en una separación si es que había de efectuarse una cura, y la separación invariablemente era desagradada muy activamente por el asociado dominante. Por aquel tiempo yo lo explicaba todo en términos de la psicología freudiana, pero incluso así, no podía evitar el estar impresionada por el curioso efecto que tenía una separación sobre la persona que no se suponía que estaba enferma, y que conforme una iba para arriba, la otra ibapara abajo. Soy de la opinión de que lo que Freud llama complejo de Edipo no es del todo un asunto unilateral, y que el "alma" del padre está extrayendo la vitalidad psíquica del niño. Es curioso el aspecto que presentan los casos de Edipo de edad, y hasta qué punto son pequeños hombres y mujeres viejos cuando niños. Nunca tienen una infancia normal, sino que siempre son mentalmente maduros para sus años. Persuadí a varios pacientes para que me mostraran fotografías de ellos mismos cuando eran niños, y fui impresionada por la expresión envejecida, preocupada, de las caras infantiles, como si hubieran sabido de todos los problemas y cargas de la vida. Sabiendo ño que sabemos del!a telepatía y el aura magnética, no me resulta sin razón el suponer que, en algún modo que aún no comprendemos enteramente, el asociado negativo de tal relación está "cortándose" sobre el asociado positivo. Hay un derramamiento de vitalidad en marcha, y el asociado dominante está lamiéndola más o menos conscientemente, si es que no realmente chupándola. Tales casos no son en modo alguno inusuales, y se aclaran rápidamente cuando la víctima es separada del vampiro. Cuandoquiera que hay un registro de un lazo estrecho y dominante entre dos personas con la desvitalización de una de ellas, es un buen plan el recomendar una separación temporal y observar los resultados. Tales casos como éstos, sin embargo, pueden ser descritos más justamente como parasitismo que como vampirismo. Tal parasitismo psíquico es extremadamente común, y explica muchos problemas psicológicos. No perseguiremos el tema en estas páginas, sin embargo, pues está fuera del alcance de nuestra investigación presente, y se menciona meramente con fines ilustrativos. El vampirismo, tal como se entiende generalmente, es una cuestión muy diferente, y haremos bien en reservar el término para aquellos casos en los que el ataque es deliberado, aplicando el término parasitismo a los casos en los que es inconsciente e involuntario. En mi opinión, el verdadero vampirismo no puede tener lugar a no ser que haya poder para proyectar el doble etérico. Todos los registros de vampirismo que tenemos dan un relato de algo mucho más tangible, que una querencia. En Europa Occidental la concurrencia parece ser relativamente rara en tiempos modernos, pero en la Europa del Este y en países primitivos parece no ser en modo alguno inusual, y en libros de viajes aparecen innumerables casos bien autentificados. El Comandante Gould, en su extremadamente interesante libro, rarezas, da un relato de vampirismo entre los Berberlangs de las Islas Filipinas. Su relato está basado en un ensayo impreso en la Revista de la Sociedad Asiática, Vol. LXV, 1896. Estas desagradables gentes, de acuerdo con Mr. Skertchley, el autor del articulo que acota el Comandante Gould, "son caníbales, y deben comer ocasionalmente carne humana o morirán... Cuando sienten la apetencia de una comida de carne humana se van a la hierba y, habiendo escondido cuidadosamente sus cuerpos, sostienen su aliento y caen en trance. Sus cuerpos astrales son liberados entonces. Ellos vuelan lejos y, entrando en una casa, entran en el cuerpo de uno de sus ocupantes y se alimentan de sus entrañas. "Puede oírse a los Berberlangs cuando vienen, pues hacen un ruido quejumbroso, que es elevado en la distancia y muere en un débil gemido conforme se aproximan. Cuando están cerca de ti, puede oírse el sonido de sus alas, y pueden verse las centelleantes luces de sus ojos danzando como moscas de fuego en la oscuridad" Mr. Skertchley declara que él mismo vio y escuchó pasar un vuelo de Berberlangs, y al visitar al día siguiente la casa en la que les vio entrar halló al ocupante muerto sin ningún signo externo de violencia. Comparad el relato de Mr. Skertchley de los Berberlangs tumbados en la larga hierba arrojándose en trance con el relato de Mr. Muldoon de "La Proyección de! Cuerpo Astral", con el que todo estudiante de ocultismo debería estar familiarizado, pues es indudablemente un clásico de la literatura oculta, siendo un relato práctico de experiencias ocultas e instrucciones detalladas de cómo ir y hacer lo mismo. Pero para volver más cerca de casa. En el curso de mi experiencia de los desviaderos de la mente humana, que, por la naturaleza de mi trabajo ha sido, como el conocimiento de Sam Weller de Londres, extensa y peculiar, sólo he conocido de un caso de vampirismo genuino, de acuerdo con el sentido en el que utilizo el término, y éste no fue uno de mis propios casos, aunque conocía a las personas implicadas, sino que me fue transmitido por mi instructor original, al que ya me he referido en conexión con el caso de la buena señora que me perseguía con un cuchillo de trinchar. He usado los hechos de este caso como terreno de trabajo para una de las historias en Los Secretos del Dr. Taverner, pero los hechos reales son tales que serían inadecuados para una obra que se supone destinada a entretener. Por aquel tiempo estaba haciendo yo las tutorías en psicología anormal en la clínica de la que he hablado, y supervisando el trabajo de los otros estudiantes; una de ellas me pidió consejo concerniente a un caso que le había venido en la práctica privada, el caso de un joven cerca de los veinte, uno de esos tipos degenerados pero intelectual y socialmente presentables que frecuentemente se cosechan en viejas familias cuya sangre es demasiado azul para ser saludable. Este muchacho fue llevado como huésped a un piso que la estudiante compartía con otra mujer, y pronto empezaron a ser preocupados con curiosos fenómenos. Aproximadamente a la misma hora cada noche los perros de las vecindades empezaban un furioso alboroto de ladrar y aullar, y unos pocos momentos después la ventana francesa que conducía al mirador se abría. No importaba cuan a menudo llamaron al cerrajero, ni cómo la empalizaban, se abría en el momento señalado, y una corriente fría barría el piso. Este fenómeno tuvo lugar una noche en que el adepto, Z., estaba presente, y él declaró que había entrado una entidad invisible desagradable. Apagaron las luces, y fueron capaces de ver un mortecino refulgir en el rincón que él había indicado, y cuando pusieron sus manos sobre este refulgir, sintieron una sensación de hormigueo tal como la que se experimenta cuando se ponen las manos en agua cargada eléctricamente. Entonces comenzó una poderosa persecución del fantasma arriba y abajo del piso, y la presencia fue finalmente arrinconada y despachada en el cuarto de baño. He representado el incidente algo más pintorescamente en mi cuento, pero los hechos esenciales son los mismos. El resultado de despachar esta entidad fue una señalada mejora en la condición del paciente, y la elucidación de la siguiente historia. El muchacho, al que llamaremos D., tenía el hábito de ir a sentarse junto a un primo que había sido devuelto inválido a casa desde Francia sufriendo de un supuesto golpe de granada. Este joven era otro vástago de una cepa gastada, y se divulgó que había sido cogido con las manos en la masa en esa desagradable perversión conocida como necrofilia. De acuerdo con la historia sonsacada a los padres de D., este vicio no era infrecuente en ciertos sectores del Frente, como tampoco lo eran los ataques sobre hombres heridos. Las autoridades estaban tomando drásticos pasos para acabar con ello. Debido a la influencia familiar el primo de D. fue capaz de escapar al encarcelamiento en una prisión militar, y fue puesto al cuidado de su familia como un caso mental, y le pusieron al cargo de un enfermero. Era mientras el enfermero tenía el tiempo libre que al desgraciado joven D. se le empleaba desencaminadamente para sentarse junto a él. También resultó que las relaciones entre D. y su primo eran de una naturaleza viciosa, y en una ocasión él mordió al muchacho en la nuca, justo por debajo de la oreja, extrayendo realmente sangre. D. había estado siempre bajo la impresión de que algún "fantasma" le atacaba durante sus crisis, pero no se había atrevido a decirlo por temor a ser considerado loco. Cuál podía haber sido el porcentaje exacto de suciedad neurótica, vicio, y ataque psíquico, es difícil de decir, ni es sencillo decidir cuál era la causa predisponente que abrió la puerta a todo el problema, pero una cosa se hallaba clara para todos los observadores: que con el despachado del visitante psíquico, no sólo se aclaró inmediatamente la condición de D., sino que después de una breve y aguda crisis el primo también se recobró. El método de despachado usado por el adepto Z., era prender a la entidad dentro de un círculo mágico, de modo que no pudiera salir, y entonces absorberla dentro de sí por la compasión. Conforme completaba la operación, caía hacia atrás inconsciente. Era, de hecho, el mismo método sobre el que se me había instruido para usar al tratar con mi hombre-lobo, pero es una tarea mucho más formidable el absorber y transmutar la proyección de otra persona que absorber la propia de uno, y sólo podría haber sido realizado por un iniciado de un grado muy alto, lo que Z. era indudablemente. Su opinión concerniente al caso, aunque no había manera de obtener confirmación independiente de esto, era que algunas tropas de la Europa del Este habían sido llevadas al Frente Occidental, y entre éstas habían individuos con el conocimiento tradicional de la Magia Negra por el que la Europa del Sudeste ha gozado siempre de una siniestra reputación entre los ocultistas. Esta gente, al ser muerta, sabía cómo evitar ir a la Segunda Muerte, es decir, la desintegración del Cuerpo Astral, y se mantenía a sí misma en el doble etérico vampirizando a los heridos. Ahora bien el vampirismo es contagioso; la persona que es vampirizada, siendo vaciada de vitalidad, es un vacío psíquico, absorbiendo ella misma de cualquiera con quien se cruce a fin de rellenar sus recursos vacíos de vitalidad. Ella pronto aprende por experiencia los trucos de un vampiro sin realizar su significado, y antes de que sepa dónde está, es todo un vampiro por sí misma, vampirizando a otros. El alma ligada a la tierra de un vampiro se adhiere a veces permanentemente a un individuo si tiene éxito en hacer de él un vampiro que funciona, extrayendo sistemáticamente su nutrición etérica de él, pues, ya que él está a su vez resupliéndose a sí mismo a partir de otros, no morirá de exhaustión como lo hacen ordinariamente las víctimas de los vampiros. Z. era de la opinión de que el primo de D. no era el vampiro primario en el caso, sino que él mismo era una víctima. Siendo un joven de moral inestable, pronto adquirió los trucos del vampiro, y el alma apegada a la tierra de algún mago Magiar le explotaba. A través de su acto de morder y extraer sangre del cuello de su primo, esta entidad se transfirió al joven D., prefiriendo nuevos pastos para los recursos vacíos de su víctima anterior. Probablemente alternaba entre los dos, pues no estaba constantemente con D. Que hizo exactamente Z., no lo sabemos, pues él era extremadamente reservado concerniente a sus métodos, pero a la luz del conocimiento posterior imagino que absorbió la energía etérica del alma ligada a la tierra, y la privó por tanto de sus medios de resistirse a la Segunda Muerte. El conducir meramente al alma que se resiste hasta el Salón del Juicio de Osiris habría implicado dejar detrás un cuerpo astral, el cual por algún tiempo habría continuado dando problemas. Puede ser interesante notar en conexión con este caso que durante el tiempo en que Miss L. estuvo en el colegio oculto en Hampshire tuvimos algunos sucesos bien curiosos. Hubo un estallido entre nosotros de unas "picaduras de mosquito" extremadamente malas. Las mordeduras en si no eran venenosas, pero las punzadas eran de tal naturaleza que sangraban libremente. Recuerdo levantarme una mañana para encontrar una mancha de sangre del tamaño de la palma de mi mano sobre la almohada; había salido aparentemente de una pequeña puntada justo por debajo del ángulo de la quijada. Varios otros tuvieron experiencias similares. Nunca he visto nada igual, ni antes ni después de eso, ni ocurrió de nuevo después de que Miss L. se marchó. No se lo conté al adepto Z. en aquel momento, y posteriormente, cuando me acordé del incidente y lo mencioné, la oportunidad de investigar se había escapado. El expresó la opinión de que era el trabajo de un vampiro, y citó casos similares con los que se había encontrado en el curso de su experiencia. Dijo que había visto casos en África en los que la víctima se había quedado tan sin sangre que sólo con dificultad podía obtenerse un espécimen de sangre para hacer un examen, pues apenas podía inducírsela a fluir del debilitado tejido. Nada podía hacerse por tales casos por la ciencia médica. Van muriéndose por pulgadas, y sin embargo no puede ser demostrada ninguna enfermedad orgánica. No obstante, su apariencia es la de una persona que sucumbe por hemorragias repetidas. Cuando se sospecha del vampirismo, la cosa a hacer es ir sobre el cuerpo de esa persona pulgada a pulgada con una lupa poderosa, y la búsqueda será probablemente recompensada por el descubrimiento de numerosas punzadas diminutas, tan diminutas que no son descubiertas por un examen con el ojo desnudo a no ser que se revelen infectándose y supurando, cuando son usualmente confundidas con mordeduras de mosquitos. Son mordeduras con todas las de la ley, pero no las de un insecto. Los lugares en donde buscarlas son alrededor del cuello, especialmente bajo las orejas; en la superficie interna de los antebrazos; en los lóbulos de las orejas; en los dedos de los pies y, en una mujer, sobre los pechos. Se dice que una persona con tendencias de vampiro desarrolla unos dientes caninos anormalmente largos y agudos, y yo misma he visto un caso así, y era una vista curiosa. Los dos dientes caninos, la pareja que viene entre los incisivos y los premolares, eran por los menos más largos que la mitad de los otros, y terminaban en puntas de la agudeza de una aguja. El verdadero vampirismo en la Europa Occidental parece ser raro, pero Z. era de la opinión de que muchos casos obscuros de debilidad tropical en los que la anemia jugaba una parte prominente, podrían ser atribuidos a esta causa.

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